Sobre mí

BIENVENIDO

Hola RESILIENTE!

Me llamo Laura, aunque todos me conocen como Lala. Tú puedes llamarme como quieras con total confianza. Mis Resilientes (clientes) me consideran una persona motivada, cercana, que escucha e intenta averiguar la raíz de un problema. Tus obstáculos e inseguridades también serán míos. Iremos juntos a descubrir qué es lo que te está frenando, pondremos tu casa interior patas arriba, no tengas miedo, es necesario. Yo también he pasado por esto y a continuación te contaré mi historia. Mi vida ha cambiado rotundamente, me siento feliz y en paz conmigo misma. No me juzgo, no me afecta la opinión de nadie. Crecemos adquiriendo creencias limitantes de los demás que sin ser conscientes nos proyectan. 

Podemos reprogramar nuestra mente, seguro que habrás escuchado alguna vez las siglas PNL programación neurolingüística, es un método muy utilizado, pero no es el único. El primero y más importante es tu actitud. Si, eso es, tu actitud. Yo no hago milagros, no te voy a vender una fórmula mágica, no tengo en mis manos el poder de cambiar vidas con un solo chasquido. Pero, si tú tienes el compromiso, las ganas, la curiosidad o la necesidad de dar un giro de 180 grados a tu vida o de solucionar ese problema que una y otra vez se te resiste, ten por seguro, que mi misión será que acabes cumpliendo con los objetivos que juntos nos propongamos. No será fácil, pero te aseguro que valdrá la pena.

Quiero contarte mi historia, nací en Barcelona en el año 89, a mis dieciséis mi familia decidió mudarse a Murcia y desde ese instante comencé a buscarme la vida. Mi primer trabajo fue de repartidora para MRW con una motocicleta, luego trabajé en un supermercado. Estaba tan perdida a esa edad, iba haciendo trompos de un trabajo a otro, sin saber que me apasionaba. Ninguna carrera me llamaba, tenía que trabajar para poder pagarme una habitación en un piso compartido, mi comida y mis gastos. Me hice adulta de repente. 

Valoraba los trabajos, por lo divertido o no, que me parecieran. Por los compañeros con los cuales pasaba mi jornada. Rápidamente, me di cuenta de que necesitaba una emoción mayor, siempre he necesitado tener un objetivo que a priori parece inalcanzable, pero que con determinación y tiempo siempre he acabado alcanzando. He sido una apasionada del deporte toda mi vida y un día, viendo la TV, apareció un anuncio de las fuerzas armadas, recuerdo quedarme fascinada. 

Deporte de élite, escalando montañas, yo quería entrar allí, yo quería ser uno de ellos. Me lo propuse, entrené para poder pasar las pruebas y justo el día que cumplía dieciocho años, me dijeron que estaba dentro. Esa fue la primera vez, que me retaba a mi misma y cumplía un sueño que a priori parecía difícil. Fueron tres años de mi vida, hasta que tuve que operarme de ambas rodillas y eso me impedía continuar en infantería ligera, una de las fuerzas tácticas más intensas. Aunque por un momento y con tan solo veintiuno, pensé y ahora qué, rápidamente encontré otra motivación que me haría seguir persiguiendo sueños.

Comencé a estudiar cine, teatro y tv, algo que me apasionaba, pero que no era alcanzable para mi bolsillo. Tenía tres trabajos para poder mantenerme y pagarme yo sola los estudios. Aun así, en el último año, decidí dejarlo.

Cada vez tenía más volumen de trabajo, menos tiempo para prepararme las tareas de arte dramático y entre medias de todo esto, un día, la causalidad pico a mi puerta y me tiré toda una noche en vela hablando con una amiga que había conocido en el servicio militar. Ella estaba viviendo y trabajando en Suiza y yo me había quedado fascinada leyendo cada una de sus palabras. Inconscientemente, lo había decidido. Cuando me levanté al día siguiente me puse como loca a buscar la manera de poder comenzar a trabajar allí como Aupair. Mi plan inicial era irme a Italia, aprender este idioma que tanto me apasiona y buscar trabajo en la parte italiana de Suiza. 

En menos de una semana había encontrado un hogar, le había dado los quince días a mis dos trabajos actuales y con una mochila llena de ilusiones tenía un vuelo comprado a Italia. Pero, no siempre salen las cosas como unx tiene planeado. Y habiendo dejado un trabajo, una casa de alquiler y habiendo vendido mi coche, la familia me contactó que por un contratiempo no podía darme trabajo. Así que tocó ser RESILIENTE una vez más. En menos de dos días, había conseguido dos familias más. Pero, no estaban en Suiza, sino en Alemania. No conocía nada de Alemania, era un país que jamás me había llamado la atención. No tenía ni idea de Alemán, ni de inglés, pero seguía teniendo la mochila cargada de ilusiones y “algo nuevo” que me daba vida.

Allí conocí a mi actual pareja, con la cual llevo diez años, pero no es alemana, sino española. Permanecí cinco años enamorándome de un país. Descubrí tantas cosas de mí, nuevos gustos y pasiones. Pero, aunque a ojos de otros, podría parecer que lo tenía todo, seguía perdida. ¿Sabes por qué?

Durante todos estos años, he ido probando mis pasiones, pero las acababa dejando por esas creencias adquiridas sobre el trabajo y el dinero. Buscaba con ambición un trabajo que me diera un buen sueldo para sentirme plena aunque en realidad estaba viviendo en mi zona de confort. Me sentía reconfortada valorando a las empresas por sus horarios, por la cercanía a mi hogar, por tener los fines de semana libres, por ese contrato indefinido, por los compañeros, porque lo que hicieras más o menos me gustara. Me mentía a mí misma. Y cuando intentaba lanzarme a vivir de mis pasiones, me sentía inferior. Tenía un miedo abismal a fracasar, seguramente has escuchado alguna vez, “búscate un trabajo con un buen sueldo y deja de hacer esas tonterías” “Del arte no vivirás nunca” “Ser escritor, pintor, guionista, locutor o montar tu propio negocio, te arruinará” Seguramente se te ocurrirán otras tantas, a mí también. Pero no te culpes, esas creencias las absorbiste una vez en tu vida y por ello, ahora te están limitando. Y cómo tú podrías cambiarlas, yo también decidí apostar por mí. ¿Pero qué fue lo que me hizo detonar? Voy a ir al grano, volví a España y gracias a mi alemán, me propusieron una oferta laboral de ensueño. Pasar de ganar 1200 € a comenzar a ganar 5000 € el primer año para a posterior ganar 6000 € mensuales más las pagas y primas que mejor, dejemos de contar, porque estoy segura de que los ojos se te han puesto como platos. No te voy a mentir, a mí también se me pusieron.

A los seis meses me cansé, de dormir en hoteles de cuatro estrellas todas las noches, de conducir coches de alta gama y tener todas mis comidas pagadas. Tan solo veía a mi familia un día a la semana y ese día, tenía que preparar los informes de la siguiente semana. Cogía dos aviones casi a diario, podía estar en tres países en un mismo día. Los dos primeros meses sentí que era importante, que la vida por fin después de tanto esfuerzo me había recompensado. Que todo lo que había hecho hasta ese momento tenía sentido. El haberme ido a un país y haber aprendido esa lengua, me había dado esta gran oportunidad. Pero a partir del tercer y cuarto mes, me sentía desmotivada, no me levantaba con la misma vitalidad de siempre, era como vestir una ropa que jamás me pondría. Pensaba que mi pareja y las personas de mi alrededor estarían orgullosos de mí. De hecho, lo estaban, pero apenas me veían. ¿Dónde había quedado mi libertad? ¿Pará qué quería tanto dinero si nunca tendría tiempo para gastarlo? ¿Preferiría dormir entre sábanas de algodón o despertarme junto a mi pareja y perritas todos los días? Empezaron a retumbar infinidad de preguntas día y noche, en un vuelo y otro, a todas horas. Además, de darme cuenta, que estaba dejando de lado mi vida para enriquecer a otro con mi tiempo. Entonces me dije a mi misma, si le pones el mismo empeño y ganas a vivir de lo que quieras vivir, lo conseguirás, ya te lo has demostrado.

 

Y aquí viene mi nueva yo. Había estudiado nutrición avanzada y personal trainer en la IFBB, pero al acabar, me di cuenta de lo importante que es trabajar la parte mental de una persona. Entender que es lo que le está limitando y que esa persona aprenda a descubrirse para poder afrontar a posterior cualquier bache que tenga en el camino. Así que aposté por la escuela de Crearte coaching y estudié durante tres años coaching de vida, estratégico, sistemático, para empresas, parejas, familias y personal. 

En ese proceso, yo también tuve mis sesiones de coaching dónde aprendí a vivir en primera persona este proceso. Trabaje mis emociones y mis creencias y probé diferentes maneras de enfocar una buena metodología con cada uno de mis clientes.

Ahora vivo en Suiza, un país que me ha enamorado igual o más que Alemania. Me apasiona poder ofrecer mis servicios de Coaching y mis asesorías para ayudar a otras personas a romper sus esquemas, en lo personal, profesional o emigrar a un país como Suiza o Alemania.

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